La lucha es diaria

Juan Pablo Vacca

1 Etapa Discipular

En tiempos de confinamiento, por las circunstancias, se hace imposible para muchos acercarse a los sacramentos; que son gracia santificante en nuestra vida diaria. La gracia de Dios nos ayuda a caminar la vida diaria para poder luchar con fortaleza contra nuestros comportamientos que no agradan a Dios. En lo personal, uno no se da cuenta de la importancia o de la fuerza de estos signos sensibles de la presencia de Dios entre nosotros, hasta que se vive una situación como la actual. La lucha, renuncia, o purificación es un proceso que no acaba en un determinado día, la pelea es constate y diaria; pero uno no llega a esa conclusión en el corazón de un día para otro. Los procesos de reflexión a los que me ha llevado esta cuarentena han hecho que eso que uno conoce “intelectualmente” de verdad se haga presente en el corazón. Es claro que no por esa razón ya uno no vaya a cometer más errores; lo que sucede es que se es más consciente de esa realidad que me invita, al mismo tiempo, a luchar con más fuerza cada día.

Indudablemente sin la ayuda sacramental, es como si uno luchara sin alimentarse. No que otras cosas no sirvan, no. Es solo que no es lo mismo luchar solamente el postre, que con el plato principal y la cantidad necesaria. Definitivamente, lo que sostiene a uno en la cordura de continuar respondiendo en el camino de fe para no tirar la toalla es, sin lugar a duda, la oración personal. Ese encuentro íntimo con el Señor es lo que nos permite, como católicos, laicos o religiosos o cualquier otro estado, ansiar con todas sus fuerzas varias cosas: la primera, encontrarse con su gracia y presencia en la Eucaristía para recibirlo sacramentalmente; segundo, reconciliarse con Él por medio del sacramento de la penitencia, que precisamente, lleva al tercer punto, el abandono en la constancia que solo Él por medio del Espíritu Santo nos puede dar. El proceso de abandono y confianza no es que sea sencillo, es difícil si, pero no por eso lo hace fastidioso u horrible antes bien, lo hace bonito y hermoso, para la muestra un botón: Dios con nosotros, a pesar de nuestras asperezas, pecado, iniquidades no se rinde, sino que nos busca y, como el Padre Misericordioso al hijo pródigo, espera ansioso nuestro regreso o bien nos dice: “todo lo mío es tuyo”.

La lucha es diaria, la vigilancia constante y nuestra fe fuerte para poder estar despiertos para cualquier circunstancia. El quid del asunto no es que llegue un desánimo, no es que llegue la asedia, lo importante es no quedarse ahí. Cuando uno tiene gripa el problema no es enfermarse, sino no querer sanarse por medio de los medicamentos y los cuidados debidos. Si, caemos todos los días, somos pecadores e indignos del amor de Dios; pero lo que Nuestro Señor ha querido es llevarnos con Él a morar en la eternidad.

Querido lector, a lo que te quiero invitar es a luchar todos los días por una santidad cristiana que. aunque parezca lejana, desde la cotidianidad podremos alcanzar. No te desanimes a seguir al Señor, debemos es confiar en, como dice la Carta a los Romanos 8, 28: “También sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes el ha escogido y llama”. El llamado es para todos, no te sientas excluido por tus deficiencias; si te ha llamado, y te sigue llamando, por medio de este escrito o cualquier cosa. ÁNIMO.   

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