María en el proceso vocacional

Yeison Flórez

III Etapa Configuradora

En el camino vocacional al ministerio sacerdotal, los seminaristas al igual que el discípulo amado, acoge a María como Madre, reconociendo que la Madre del Señor, camino en el proceso vocacional a la vida sacerdotal. Ella guía nuestra meditación en la contemplación de la oración, nos lleva al encuentro permanente con Cristo y nos abre los sentidos para que la Gracia del Espíritu Santo, nos haga reconocer el fruto de su Vientre.

Contemplar en el silencio las virtudes de María, nos lleva a seguir con firmeza el camino de la santidad, viviendo con fe y descubriendo el Don de Dios manifestado en Cristo. La entrega amorosa de María, lleva al vocacionado a comprender que el sí sincero de la fe que sostuvo a María, abre el sendero o el misterio de nuestro proyecto de vida sacerdotal.

El aspirante al ministerio sacerdotal, debe comprender que su sencillez y su humildad son dos características esenciales en su proceso, que solo pueden ser concebidas a través de una reflexión viva del Evangelio de Cristo y de su Santa Madre la Virgen María. María acoge con humildad y sencillez el don de Dios, mientras que el seminarista acoge a Cristo en María en su proceso de formación sacerdotal, encarnando el deseo de seguir a Cristo con perseverancia en su apostolado.

La fe de María, lleva al vocacionado a sentirse amado, a cumplir el mandato de Cristo de predicar a todas las naciones y convertir corazones al Señor. Esa confianza produce en él, santidad de vida, llevándolo al enamoramiento constante de Cristo que nos impulsa desde el sacramento del Bautismo a dejar todo por la Gracia de unirnos a Cristo en profunda entrega de servicio por medio del evangelio a los más necesitados.

El candidato al sacerdocio, se adhiere en una entrega total al misterio de Dios, conservando en su corazón las normas prescritas por Cristo en el evangelio, de ir y predicar a todas las naciones la Palabra de Dios. María lleva al candidato a reflexionar sobre las virtudes evangélicas procurando en el corazón de los aspirantes al sacerdocio una vida consagrada solo para su Señor, que los ha amado y los ha llamado a ser partícipes de sus sacerdotes santos en esa unidad de fe y de servicio a los más necesitados.

Los candidatos al sacerdocio, buscan a María a través de su reflexión; y en su proceso vocacional el “fiat” de María, los lleva a encarnar a Cristo en su corazón como el tesoro más preciado o la perla que se encuentra y que se celebra.

El proceso sacerdotal, lleva al candidato a fijar su mirada en Cristo y contemplar en María esa íntima relación con Dios misericordioso. Así como la Iglesia en compañía de María, acompañan al candidato sacerdotal en su perseverancia de vida en la entrega a Cristo, así los sentimientos de los sacerdotes llevan a pedir a María la protección y el auxilio divino para los hombres, como servidores fieles de la Palabra y del Altar.

© 2020, Seminario Mayor de Girardot