El sacerdote

Javier Triana

II Etapa Configuradora

Sacerdote es aquel hombre que, de acuerdo a los preceptos y a los rituales de la Iglesia católica, funge de intermediario entre los fieles y Dios. Es así como dentro de las funciones del sacerdote, encontramos la dirección y la administración de los ritos y la difusión y propagación de la palabra divina.

 

La vida del sacerdote cristiano comienza por un llamado que siente para servir a su Iglesia, lo que en este y otros muchos ámbitos, como por ejemplo con los artistas, cada uno en su propio arte, se define como «vocación». Claro está que esto no   siempre sucede de forma evidente, es decir, no es como un llamado que Dios dice: venga que Usted tiene vocación, no, y ciertamente no se trata de un mensaje enviado por una aparición divina; por el contrario, más bien, se compone de pequeños detalles o signos que se van manifestando a lo largo de días, meses o años, hasta que la persona comprende que ha sido escogida para recorrer el particular camino del sacerdocio.

 

Así, como ocurre en cualquier opción de vida, es muy importante estar seguro de haberse encontrado con las señales auténticas y reales y ser plenamente conscientes antes de dar el paso y ordenarse como sacerdote, ya que no es beneficioso para nadie asumir un rol tan importante y comprometido, con una influencia tan marcada en la sociedad, sin sentir ni tener la verdadera vocación.

 

Algunos futuros sacerdotes sienten desde pequeños este llamado de una manera espontánea, la cual puede ser a través de los sermones de su sacerdote favorito, cuando asisten a la santa misa con sus familias, o mirando las imágenes en su iglesia local, o rezando con esmero sus oraciones diarias. Para estos niños no parece que existan dudas y, una vez alcanzan la edad necesaria, comienzan con los estudios que siempre han querido; claro que entre esos sueños infantiles y su realización debe existir una concientización  de los deberes y las prohibiciones  y las cargas y compromisos que acarrea el sacerdocio los cuales deben ser debidamente explicados a los niños por sus mayores y aclararles el compromiso que adquieren al hacer real esta vocación.

 

Uno de las motivaciones fundamentales es el ánimo y el espíritu que los mueve a servir a los demás, esa llama que arde en el interior de las personas que no pueden —ni quieren— dejar de asistir a nadie que se encuentre en apuros; un verdadero sacerdote debe llevar una vida desinteresada y caracterizada por la generosidad. Si un joven está dispuesto a entregarse al servicio de los demás, sin buscar reconocimiento o elogios a cambio, entonces cumple con uno de los requisitos básicos para este rol.

 

Otro signo o rasgo característico de la vocación sacerdotal es el carisma necesario para celebrar las misas y para tratar con grandes grupos de personas, manteniéndose firme en su postura, transmitiendo siempre los mismos mensajes de respeto por la religión y sabiendo escuchar antes de aconsejar. Igualmente ejercer una influencia sana primero que todo con el ejemplo y después con la catequesis a su pueblo encomendado por Dios.

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