Etapa Configuradora

DESCRIPCIÓN

Finalizada la etapa discipular, pero no la vida discipular, la formación del seminarista se concentra en la configuración con Cristo, para que, unido a Él, pueda hacer de la propia vida un don para los demás. Dicho proceso exige profundizar en la contemplación de la Persona de Jesucristo, Hijo predilecto del Padre, enviado como Pastor al pueblo de Dios. La contemplación lleva a que la relación con Cristo sea más íntima y personal y favorezca el conocimiento y la aceptación de la identidad presbiteral.

 

La etapa configuradora se ordena a una conformación progresiva con Cristo Cabeza, Siervo, Esposo, Pastor y

Profeta  de   la  Iglesia   que   haga  emerger  en  la  vida  del discípulo los sentimientos y las actitudes propias del Hijo de Dios, introduzca en el aprendizaje de una vida presbiteral animada por  la  caridad  pastoral, que  se  expresa  en  la voluntad  y la capacidad de ofrecerse a sí mismo en el cuidado del pueblo de Dios, y lleve a asimilar la personalidad del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, entrega la vida por ellas y va en busca de las que están fuera del redil.

FINALIDAD

Desde el inicio de su proceso formativo en el Seminario, el formando está llamado a fijar los ojos en Jesús para que toda su existencia quede centrada y enraizada en Él. Ahora bien, la etapa configuradora tiene como finalidad acentuar este proceso de transformación en Cristo a fin de que el candidato llegue a la sagrada ordenación muy bien dispuesto y una vez recibido el sacerdocio pueda reflejar en su existencia el misterio realizado por el sacramento: Dios Padre que mediante su Espíritu ha impreso en su corazón la imagen del mismo Cristo Cabeza, Siervo, Esposo, Pastor y Profeta de la Iglesia

En la finalidad de la etapa configuradora de la formación sacerdotal inicial, es fundamental la verificación de la existencia de las virtudes específicamente sacerdotales en la vida del candidato y su disponibilidad misionera.

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