La Comunidad del Seminario

Diversos agentes de la formación ayudan para la interiorización de un estilo de vida sacerdotal: el Obispo, como último responsable de todo el proceso formativo; la comunidad diocesana y el presbiterio, ámbitos privilegiados para la transmisión de los valores sacerdotales; la comunidad educativa del Seminario, que incluye a los formadores, los profesores y los padres de familia y los empleados; tienen especial relevancia los sacerdote diocesanos, que en todo momento deben asumir una actitud formativa en su trato con los seminaristas; también se da relevancia a la intervención de los laicos y a la importante aportación de las mujeres al discernimiento de las vocaciones al ministerio sacerdotal.

 

Todos ellos deben ayudar a que el seminarista tome en serio su propia formación y lo sostienen para que de su sí al Señor en el trabajo de cada día. Esta larga lista de agentes formativos hace ver que la calidad de la formación sacerdotal depende en gran medida de la madurez de la Iglesia particular y de los bienes espirituales y materiales que ofrece a los candidatos al sacerdocio. Un presbiterio que se mantiene en una actitud de formación continua y una comunidad diocesana que se halla en camino, constituyen el humus eclesial en el que surgen las vocaciones sacerdotales y hace posible garantizar su formación.

 

Entre los agentes de la formación sacerdotal destaca el equipo formativo del Seminario. En el testimonio presbiteral de cada uno de sus miembros y en la calidad de las relaciones que mantienen entre sí, los seminaristas experimentan una mediación muy significativa para su formación. Ellos son el modelo sacerdotal.

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