Dimensión Espiritual

A la luz de la nueva Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, promulgada por la Congregación para el Clero (8 de dic. del año 2016), se nos pide que los aspirantes al ministerio sacerdotal sean formados como auténticos discípulos que se van configurando con Cristo. El año de Propedéutico junto con la etapa discipular (la filosofía) y la etapa configuradora (la teología) y la síntesis vocacional, tienen como finalidad formar un hombre de Dios. Es por eso que la dimensión espiritual se empeña en buscar los

medios a fin de que se forme en cada aspirante un auténtico discípulo que constantemente se va configurando con Cristo. o en su vida y en su dinamismo vocacional. Para ello, entonces, el aspirante va teniendo cada día un contacto con la Palabra de Dios, leída y estudiada en un ambiente de oración, de meditación. Esta lectura orante de la Palabra el aspirante la lleva a cabo a nivel personal y comunitario durante ciertos días de la semana. Debe ir asimilando esta Palabra hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo; debe permitir que ella plasme su personalidad a fin de que sus palabras, gestos, actitudes y las decisiones de cada día estén encaminadas a la madurez y a la plenitud del hombre en Cristo, según la expresión del Apóstol San Pablo (Ef 4, 12).

Junto con la Palabra de Dios, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la confesión son importantes en la formación de los aspirantes al sacerdocio. En cuanto a la Eucaristía, el seminario dispone el momento para que diariamente se celebre en un ambiente de piedad, de fe, de adhesión al Magisterio de la Iglesia y en comunión con la gran familia de la Iglesia. Cada seminarista debe encontrar en la Eucaristía, a través de una participación activa y consciente, un canal seguro y eficiente para unirse cada vez más estrecha y profundamente a Jesucristo. También el sacramento de la confesión o penitencia debe ser la oportunidad para mirarse con los ojos de Dios, con la sinceridad que se requiere de aquel que debe ser imagen viva de Jesucristo. Por ello la dimensión espiritual apunta a que, a través de este gran sacramento, el candidato vaya formando cada vez más su conciencia, se deje envolver por la gracia purificadora de Dios y adquiera esa paz del corazón, la alegría y serenidad que le den un nuevo impulso en su vida y en su dinamismo vocacional.

 

Igualmente, se ofrece la dirección espiritual permitiendo que cada seminarista escoja su director espiritual libre y voluntariamente. Se pide que el ejercicio de la dirección espiritual sea frecuente, sincero, en un clima de diálogo acogedor. La finalidad de la dirección espiritual es que el seminarista se abra con confianza y comente todo lo que vive, siente; los aspectos a mejorar, los medios que va poniendo para dar una respuesta más generosa y efectiva. Al mismo tiempo que tome muy en serio los consejos dados en la dirección. Vista así, la dirección espiritual nunca será una carga o un mero requisito que se debe cumplir, sino un medio para crecer en el seguimiento y en la búsqueda de Cristo.

 

Así, pues, la nueva Ratio busca que haya un hombre de verdad y sobre esta base humana, poder formar un hombre de Dios, un candidato al sacerdocio que sea otro Cristo, que tenga sus mismos sentimientos para que pueda servir a la Iglesia y a la humanidad edificando y extendiendo cada vez más el Reino de Dios.

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