Dimensión Pastoral

La formación pastoral en el Seminario Mayor refleja el celo apostólico que es fruto de una auténtica vocación. El seminarista debe tener una vinculación con la vida parroquial donde muestre su interés para dar a conocer el amor de Jesús en sus hermanos y refleje su sensibilidad ante el sufrimiento de los pobres y necesitados que viven en su propio territorio.

Durante un proceso progresivo, el seminarista adquiere las habilidades básicas para los distintos ministerios pastorales y apostolados expresando su creatividad pastoral, iniciativa y liderazgo.

Dicho crecimiento comprende también, una profunda conciencia y celo misionero, un trabajo en equipo y desarrollo de las habilidades para poder transmitir la fe a través de la catequesis y el manejo preciso del proceso evangelizador de la Iglesia.  En cada una de las etapas del proceso de formación en el Seminario, La Ratio Nationalis, nos muestra una clara descripción y finalidad, que presentaremos a continuación.

En la etapa propedéutica el candidato observa la realidad pastoral de su diócesis y se familiariza con ella para afianzar su identidad cristiana y vocación sacerdotal. Experimenta diversos espacios de sensibilización teniendo en cuenta a los más necesitados para adquirir un corazón de pastor sensible a los más vulnerables.

La etapa discipular corresponde a una gradual práctica pastoral fundada en una sólida espiritualidad de comunión con experiencias de misión fuera del contexto parroquial tales como cárceles, hospitales, orfanatos y centros de atención de adultos mayores. El seminarista expresa su condición de auténtico discípulo de modo que su ser y actuar sean fruto de una conversión personal y pastoral. De igual manera, el estudio organizado y sistemático del proyecto diocesano de pastoral confiere al candidato un conocimiento de las estructuras diocesanas y el nuevo paradigma de la catequesis en el conjunto del proceso evangelizador.

En la etapa configuradora, el seminarista goza de espíritu de comunión, conocimiento más profundo de la diócesis y la realidad pastoral a la que va a servir; de los grupos pastorales, movimientos de laicos, vida consagrada e institutos. El seminarista crece en el diálogo con la cultura, ilumina la realidad del Evangelio y se dispone para la misión. Durante esta etapa, según la madurez integral de cada candidato en cada una de las dimensiones, serán conferidos a los seminaristas los ministerios del lectorado y del acolitado, de modo que puedan ejercerlos por un tiempo conveniente.

El año de formación pastoral misionera es una etapa en donde los futuros sacerdotes, fuera de las instalaciones del Seminario son acompañados por los presbíteros y comunidades parroquiales. Esta etapa tiene como objetivo profundizar y madurar la propia identidad del candidato como persona y como cristiano, buscar su crecimiento en la integración de la dimensión espiritual, académica y apostólica, teniendo un acercamiento más concreto a la realidad diocesana.

La etapa de síntesis vocacional, es la etapa de inserción a la vida pastoral de la diócesis y de la comunidad. El candidato recibe encargos pastorales y asume creativamente sus responsabilidades ante los nuevos desafíos de la diócesis. En tales actividades pastorales, el candidato manifiesta iniciativa pastoral en los lineamientos del proyecto pastoral de la diócesis, crece en la capacidad de escucha y diálogo con los sacerdotes y laicos y asume con responsabilidad personal y comunitaria la formación permanente.

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